Todo empieza antes de empezar
Soy Laura FuGo. El FuGo te lo cuento otro día. Vamos con el Laura.
Este año, en clase de mi peque trabajaron las profesiones y yo fui a contar que he sido: pizzera, jardinera, programadora, project manager… y que ahora trabajo la madera.
Este verano, a mi peque le hicieron la típica pregunta: ¿qué quieres ser de mayor?
Su respuesta todavía sigue resonándome.
El año pasado di un giro radical. Hice un curso corto y acabé plantando una mesa en la carretera.
Sentí que por fin entendía cómo los puntos se acaban conectando. Así que llevo un año aprendiendo.

Parece un giro radical. Pero no lo es. Es unir los puntos.
¿Tirar 17 años de experiencia?
El cliente te dice el resultado que quiere. Pero eres tú quien tiene que pensar cómo conseguirlo, y orientarle para que no acabe pidiéndote una catedral en un salón de 50m².
¿Crees que hablo de adaptar un sistema de gestión contable a una nueva legislación o de hacer un mueble?
Cambia el oficio, pero si miras bien, el proceso es el mismo.
Llevo 17 años pensando soluciones, sabiendo que medir dos veces y afilar bien el hacha antes de empezar a cortar te da más opciones para no equivocarte. Pero, por mucho que lo planifiques, el plan siempre va a cambiar.
Todo eso lo llevo conmigo. Solo he cambiado el dress code de turno por ropa de taller.
No pretendo saber en un año lo que otros han aprendido en una vida. Pero sí sé más ahora de madera de lo que sabía en los primeros años de cualquier otro trabajo. Algo tendrá que ver la edad. Y el foco.
2025 · el año del cambio
Empecé con la mesa en la carretera. Y ya no pude parar.
Un año de regalo para aprender disfrutando. Me enamoré de lo manual: cepillar, afilar, marcar y usar los formones haciendo que una cola de milano encaje. Todo sin enchufes.
Llegó mi banco, mi herramienta principal. ¿Haría cosas distintas en el diseño? Seguro.
Pero no era el momento de ser yo quien definiese, era el momento de entender, de unir piezas grandes, de corregir cagadas pequeñas y de celebrar mi cumpleaños viendo como las piezas encajaban.
Luego la marquetería —ahí dejadme con mis vicios—.


El armario de herramientas, para que todo quedara a escuadra.
El curvado, descubriendo que la humedad no siempre juega en contra.
Una caja pequeña, para descubrir que unir piezas pequeñas sin prestar atención supone corregir cagadas grandes.
El torno, dando vueltas sin marearme.
Y llegó Mío.
Dicen que cuanto más sabes, más cuenta te das de todo lo que te falta por aprender.
Y yo recuerdo cada error y cada acierto.

Lo que viene
No tengo bola de cristal.
Tampoco de madera.
Pero tengo un plan —uno de esos que sé que no se va a cumplir tal cual, pero que marca la dirección.
Como conducir de noche con los focos alumbrando solo cien metros: no necesitas ver todo el camino para seguir avanzando hacia donde quieres.
Ahora sigo aprendiendo, y empiezo a contarlo.
Después seguiré aprendiendo, contando, y queriendo que tú lo quieras.
Más tarde, ya veremos qué construimos con todo esto.
Si quieres acompañarme, yo encantada.*
Si no quieres, pero has leído hasta aquí, gracias.
*Por cierto: la respuesta de mi peque —la que me resuena — está en la primera Médula.